Inédito Nuevo

La oración de Pablo por los colosenses

Colosenses 1:9-12


person Autor: Alfred Eduard BOUTER 6


0 - Introducción

Gracias al fiel servicio de Epafras, los creyentes de Colosas habían recibido la buena nueva de la gracia de Dios y se habían convertido en discípulos del Señor Jesucristo (Col. 1:7). Pablo, que no conocía personalmente a estos cristianos, pero había oído hablar de ellos por Epafras, se complace en recordar lo bueno que había en ellos; daban fruto y crecían (v. 6). ¡Qué hermoso modelo!

Para Pablo era evidente que se cernían graves peligros sobre estos creyentes. Antes de orar por ellos, da gracias a Dios pensando especialmente en su fe, su amor y su esperanza (v. 3 y 4). Ante los peligros particulares que corrían, los entrega por completo a Dios: una lección importante para nosotros hoy en día. Junto al buen servicio de Epafras, había personas que querían enseñar a estos cristianos (vean especialmente el cap. 2:4, 8, 16, 18, 20). Pablo destaca entonces los recursos que ya poseían en Cristo. Oró fervientemente por ellos (v. 29; 2:1-3), para que pudieran comprender realmente la suficiencia de Cristo (v. 14-19; 2:9-11).

1 - «Llenos del conocimiento de su voluntad»

Pablo oraba para que conocieran la voluntad de Dios y que esta fuera su única guía (v. 9). ¡Qué contraste con lo que enseñaban algunos doctores, imponiendo reglas y ordenanzas (2:16-23)! También oraba por su buena condición espiritual, para que hubiera un crecimiento continuo de su inteligencia espiritual (v. 10-11). Cuando esto ocurre, la persona y la obra de Cristo se vuelven cada vez más valiosas. Por eso, en este primer capítulo se destaca su preeminencia: ya sea en el mensaje del Evangelio, en la creación, en la redención o en la Iglesia. Obsérvese también que, desde el principio, Pablo se refiere a la gracia de Dios (v. 6): es el fundamento de nuestra salvación, de nuestra conducta y de nuestro desarrollo espiritual.

2 - Poner en práctica el conocimiento

El Señor Jesús dijo a sus discípulos: «Si sabéis estas cosas, dichosos sois si las hacéis» (Juan 13:17; comp. con Sant. 1:22). Del mismo modo, Pablo indica aquí que el conocimiento de la voluntad de Dios debe llevarnos a andar «como es digno del Señor, con el fin de agradarle en todo, dando fruto en toda buena obra, y creciendo por el conocimiento de Dios» (v. 10). Conocer la voluntad de Dios aumenta nuestra responsabilidad, no como una carga, sino como un privilegio (comp. con Lucas 12:47-48). La magnífica Persona presentada en la Epístola a los Colosenses es el Señor del creyente: ¿no es un gran privilegio tenerlo como Maestro y Señor?

Por eso Pablo oraba para que los colosenses pudieran caminar de una manera digna del Señor, de una manera acorde con la gloriosa Persona a la que servían y representaban. No basta con ser conscientes de nuestra dignidad como creyentes, de conocer nuestra posición en Cristo: debemos actuar y caminar en consecuencia. El caminar cristiano se realiza en la sumisión a la autoridad del Señor y siguiendo su ejemplo, con la energía que la fe recibe del Señor glorificado; no por nuestra propia fuerza, sino por el poder del Espíritu Santo. Solo por este poder podemos ser imitadores de Cristo y caminar juntos como fieles discípulos.

3 - «Para agradarle en todo»

Cuando estaba en la tierra, el Señor pudo decir en realidad: «Hago siempre loas cosas que le agradan» (Juan 8:29). Agradar a Dios en todo es nuestro deber y nuestro privilegio. Lo hacemos siguiendo al Señor, sometiéndonos a él, imitándolo, por amor a él, para que lo que es verdadero en él sea verdadero en nosotros (comp. con 1 Juan 2:8).

El ardiente deseo de Pablo era también agradar a su Maestro: «Procuramos… serle agradables» (2 Cor. 5:9). Eso es también lo que él desea para nosotros: que comprobemos «lo que es agradable al Señor» (Efe. 5:10). Esto nos llevará a andar en sabiduría (Col. 4:5), dependiendo al mismo tiempo de nuestro Maestro glorificado (2:6). El resultado será «buenas obras», como fruto de la comunión con Cristo en la gloria.

«Dando fruto en toda buena obra, y creciendo por el conocimiento de Dios» (v. 10) es un proceso continuo. Esto nos recuerda a Juan 15. ¡Qué verdad tan maravillosa! ¡Y puede ser una realidad para cada creyente, joven o mayor! Pero el enemigo siempre se opone a ello; si no puede impedir la salvación de las almas, querría que permanecieran en estado infantil. Así es como puede influir en ellas, zarandearlas y llevarlas de aquí para allá (Efe. 4:14). Al hacerlo, le quita a Dios el gozo de la comunión entre Él y sus hijos. Satanás siempre se opone a lo que pertenece a Dios, ya sea en la marcha o en la adoración del creyente. La enseñanza de Pablo tiene como objetivo quitarle al enemigo sus victorias sobre nosotros.

4 - «Fortalecidos con todo poder»

Pablo sigue orando para que el glorioso poder de Cristo (“arriba”) obre en los creyentes (“aquí abajo”), a fin de que puedan progresar con su fuerza y según el poder de su gloria. La palabra «paciencia», en el versículo 11, significa resistencia; continuar a pesar de la carga. Pablo añade: «y longanimidad», sin cejar. Pero eso no es todo: ¡no hay que olvidar el gozo y la gratitud!

Pensemos en el ejemplo de nuestro propio Maestro (Hebr. 12:2), cómo el gozo de lo que tenía por delante lo sostuvo a lo largo del camino, ¡incluso a través de los sufrimientos de la cruz! Ahora quiere llenarnos de su gozo. Así, nuestro Dios y Padre será honrado cuando demos gracias al Padre, que nos ha hecho capaces de participar en la herencia de los santos en la luz (Col. 1:13). Muchos creyentes que atraviesan tiempos difíciles aprenden a alabar y dar gracias a Dios con más fervor. Es el triunfo de Dios, pero nuestro deber es ponerlo realmente en práctica. Observemos que la oración de Pablo (v. 9-11) se basaba en su acción de gracias (v. 3), lo que le llevó a la adoración (v. 13). ¡Qué ejemplo para nosotros!

5 - Una enseñanza y una transformación

Mientras los creyentes reciben la enseñanza de Pablo, a la que aluden sus oraciones, la obra de Dios se hace en ellos. Este es otro aspecto hermoso de este pasaje. A Pablo no le bastaba con presentar a los creyentes la doctrina que Dios le había revelado: también oraba para que se realizara en ellos una obra según Dios (comp. con sus oraciones en Efe. 1:16-23 y 3:14-21). Cuando hacemos la voluntad de Dios, hay en nosotros al mismo tiempo una obra de Dios que hace lo que nosotros no podríamos lograr por nosotros mismos. ¿Quién de nosotros puede producir fruto? ¿Quién de nosotros puede transformarse a sí mismo? Al fijar nuestra mirada en el Señor, al imitarlo en nuestro caminar, en un compromiso total con Dios, mediante una conducta de obediencia, ¡lo imposible sucederá! Cristo mismo obrará en nuestras vidas, como lo hizo en la del apóstol (comp. con 1:29).

Hay que destacar otra característica de Pablo: él no traía una filosofía, una doctrina o una religión; no, él predicaba a Cristo (v. 28; Rom. 16:25; 2 Cor. 1:19; 4:5). Así, en este primer capítulo, describe la grandeza de Cristo en la creación, en la redención, en su resurrección y en su posición como Cabeza de la Iglesia. Resume la grandeza de Cristo diciendo que todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento están escondidos en él, en él que está en la gloria y que al mismo tiempo vive en los creyentes.

6 - Los tesoros

La persona del Señor Jesús constituía el centro del ministerio del apóstol Pablo. Cristo era y significaba todo para él. Pablo es en esto un modelo para todos los creyentes (comp. con 1 Tim. 1:16). Había caído ante el Señor Jesús (Hec. 9:5), como ante alguien a quien debía su rendición, y luego su compromiso y su servicio. Por amor a su Maestro, que se había entregado por él (Gál. 2:20), Pablo había comenzado su servicio; y lo continuaba, consciente tanto de su propia insignificancia como de la suficiencia de Cristo. En la época en que Pablo escribía la Epístola a los Colosenses, el enemigo había comenzado a robar a los creyentes de Colosas la convicción de la grandeza de Cristo.

El enemigo les sugería que debían hacer algo o ser algo, además de lo que Cristo era y hacía. Era un ataque muy sutil; los doctores que Pablo desenmascara en esta Epístola no decían que Cristo no era grande, que su obra no era maravillosa, ¿quizás incluso lo enseñaban? Pero añadían que los creyentes debían hacer algo además de Cristo y su obra. Pablo establece aquí que todos los tesoros están en Cristo (2:3), y que los cristianos deben caminar en él. Deben crecer, estando arraigados y edificados en él (v. 5-7). En él, ahora Hombre glorificado en el cielo, habita toda la plenitud de la Deidad, en su cuerpo, como Hombre en la gloria (v. 9). Y los creyentes están completos en Cristo, que es la Cabeza de todo principado y potestad (v. 10). Nada, ninguna gloria, ninguna obligación, nada puede añadirse a Cristo. Al tratar de añadir algo a su obra o de colocar cualquier cosa junto a su Persona, se atenta contra su suficiencia y su grandeza únicas.

7 - Conclusión

A lo largo de la vida de Pablo, se observa una apreciación cada vez mayor de Cristo. Cuanto más pasaba el tiempo, más aumentaba para él el valor de este tesoro. Lo vemos en sus discursos en Hechos 22 y 26, y en sus comentarios a Timoteo (Segunda Epístola). Cada vez le impresionaba más la grandeza de su persona. ¿Y no es precisamente esa la intención de esta oración? Lo que expresa aquí era su deseo para sí mismo, para los creyentes de aquellos días, ¡y también para nosotros hoy! Cristo debería convertirse en el centro de nuestras vidas. No hay lugar para la carne, no hay lugar para el yo, no hay lugar para el hombre en la carne, sino «Cristo es todo y en todos» (3:11).

Traducido de «Le Messager Évangélique», año 1997