CLAMAR

Sha˓aq (6817, צָעַַק), «gritar, clamar, llamar». Este vocablo, que está presente tanto en el hebreo bíblico como en el moderno, tiene el sentido de «gritar, vociferar». El término es casi paralelo al vocablo de sonido muy similar, za˓aq, que también se traduce como «clamar». El verbo sha˓aq se encuentra unas 55 veces en el Antiguo Testamento hebraico y aparece por primera vez en Gén. 4:10: «La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra».

A menudo se usa este término con el sentido de «grito de auxilio». A veces es el ser humano que «clama» a otro ser humano: «El pueblo clamaba al faraón por alimentos» (Gén. 41:55). Con mayor frecuencia es el ser humano que «clama» a Dios por ayuda: «Entonces los hijos de Israel temieron muchísimo y clamaron a Jehová» (Éx. 14:10 RVA). Los profetas siempre se refieren con sarcasmo a los que adoran ídolos: «Aunque alguien le invoque, no responde» (Isa. 46:7). El mismo término se usa a menudo para expresar «angustia» o «necesidad»: «Esaú… profirió un grito fuerte y muy amargo» (Gén. 27:34).

Za˓aq (2199, זָעַק), «gritar, clamar, llamar». Este término está diseminado a lo largo de toda la historia de la lengua hebrea, incluyendo el hebreo moderno. Se encuentra alrededor de 70 veces en el Antiguo Testamento hebraico. Por primera vez aparece en el relato del sufrimiento durante el cautiverio israelita en Egipto: «Los hijos de Israel gemían a causa de la esclavitud y clamaron a Dios» (Éx. 2:23).

Za˓aq es tal vez el vocablo más usado para indicar un «grito de auxilio» por una emergencia, especialmente «clamar» por ayuda divina. Dios a menudo escuchó este «clamor» en el tiempo de los jueces, cuando Israel se encontraba en problemas debido a su desobediencia (Jueces 3:9, 15; 6:7; 10:10). El vocablo también se usa en súplicas encaminadas a dioses paganos (Jueces 10:14; Jer. 11:12; Juan 1:5). Que za˓aq significa más que un volumen normal de comunicación, lo indica la forma de apelar al rey (2 Sam. 19:28).

El término puede connotar un «grito» de angustia (1 Sam. 4:13), un «grito» de horror (1 Sam. 5:10) o de tristeza (2 Sam. 13:19). En sentido figurado, se dice de una casa que se ha edificado con «injusta ganancia», que «la piedra clamará desde el muro» (Hab. 2:9-11).

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