BAAL, SEÑOR

Ba˓al (1167, בַעַַל) «señor; baal». En acádico, el nombre belu («señor») dio lugar al verbo belu («gobernar»). En otras lenguas del semítico nordoccidental, el nombre ba˓al tiene un significado un tanto diferente, puesto que otros términos han asumido el significado de «señor» (cf. heb. ˒adôn.) con los cuales el vocablo hebreo ba˓al parece guardar relación.

La palabra ba˓al aparece 84 veces en el Antiguo Testamento hebreo; 15 veces significa «marido» y 50 veces se refiere a una divinidad. El nombre ba˓al aparece por primera vez en Gén. 14:13: «Y vino uno de los que escaparon, y lo anunció a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre el amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, los cuales eran aliados de [literalmente «ba˓ales» del pacto con] Abram».

El significado primario de ba˓al es «poseedor». Isaías usa a ba˓al con sentido paralelo a qanah, lo cual pone en claro el significado básico de ba˓al: «El buey conoce a su dueño [qanah], y el asno el pesebre de su señor [ba˓al]; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento» (Isa. 1:3). Un individuo puede ser dueño [ba˓al] de un animal (Éx. 22:10), una casa (Éx. 22:7), una cisterna (Éx. 21:34) y hasta de una esposa (Éx. 21:3).

Una acepción secundaria, «marido», se expresa con claridad mediante la frase ba˓al ha-ishshah (literalmente, «dueño de la mujer»). Por ejemplo: «Si algunos riñen, y hieren a una mujer embarazada, y esta aborta, pero sin causarle ningún otro daño, serán penados conforme a lo que les imponga el marido [ba˓al ha-ishshah] de la mujer y juzguen los jueces» (Éx. 21:22 RV-95). El significado de ba˓al está estrechamente ligado al de ish («hombre»), como se puede apreciar en dos ejemplos en el pasaje siguiente: «Oyendo la mujer de Urías que su marido [is] Urías era muerto, hizo duelo por su marido [ba˓al]» (2 Sam. 11:26).

El término ba˓al junto con otro nombre puede significar una característica o cualidad peculiar: «Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador» (Gén. 37:19; literalmente, «el maestro de sueños»).

En tercer lugar, la palabra ba˓al puede denotar cualquier divinidad ajena al Dios de Israel. Baal fue un nombre común para el dios de la fertilidad de Canaán, sobre todo en la ciudad cananea de Ugarit. El Antiguo Testamento registra que «Baal» era el dios de los cananeos. Durante el tiempo de los jueces, los israelitas adoraron a Baal (Jueces 6:25-32) y también durante el reinado de Acab. Elías se levantó en oposición a los sacerdotes de Baal en el monte Carmelo (1 Reyes 18:21ss). Muchas ciudades consagraron a Baal como un dios local mediante actos especiales de culto: Baal-peor (Núm. 25:5), Baal-berit en Siquem (Jueces 8:33), Baal-zebub (2 Reyes 1:2-16) en Ecrón, Baal-zefón (Núm. 33:7) y Baal-hermón (Jueces 3:3).

Entre los profetas, Jeremías y Oseas mencionan a Baal con mayor frecuencia. Oseas describe a Israel que se ha vuelto a los baales y que solo se vuelve al Señor después de un tiempo de desesperación (Oseas 2:13, 17). Dice que el nombre de ba˓al no se usará más, ni siquiera con el significado de «Señor» o «amo», por la contaminación del término por prácticas idólatras: «En aquel tiempo, dice Jehová, me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás Baali. Porque quitaré de su boca los nombres de los baales [ba˓alim], y nunca más se mencionarán sus nombres» (Oseas 2:16-17). En días de Oseas y Jeremías aún se adoraban ídolos de ba˓al porque la gente sacrificaba, construía lugares altos y fabricaba imágenes de ba˓alim (plural).

En la Septuaginta, el término ba˓al no se traduce de manera uniforme: curios («señor», «dueño»); aner («hombre», «marido»); la simple transliteración; y ba˓al. La RV lo traduce así: «Baal, hombre, dueño, marido, señor».

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