Jesús alimenta a la multitud


person Autor: Achim ZÖFELT 2


Solo uno de los muchos milagros realizados por el Señor Jesús es relatado en los cuatro Evangelios: es el de los 5.000 hombres alimentados. Como cada evangelista tenía una misión diferente, los cuatro relatos de este milagro difieren un poco entre sí. Sin embargo, lo que cada texto tiene en común, es que esta gran multitud solo fue satisfecha por el maravilloso poder del Señor. Las numerosas personas que se encontraban en aquel lugar aislado recibieron el alimento que necesitaban para sus necesidades fisiológicas gracias a los cuidados especiales del Señor Jesús.

¿No se aplica esto hoy también al alimento espiritual? Cuando nos reunimos junto al Señor Jesús para escuchar su Palabra, solo él puede satisfacer las necesidades de nuestras almas. En este contexto, es interesante prestar atención a lo que el Señor Jesús dijo a sus discípulos con motivo de este milagro. Hay enseñanzas relevantes y muy actuales en sus declaraciones en relación con las reuniones de edificación.

Comparando los cuatro relatos, vemos que el Señor Jesús habló siete veces a sus discípulos. Estas declaraciones pueden ordenarse en el siguiente orden cronológico:

  • «¿De dónde compraremos pan para que estos coman?» (Juan 6:5).
  • «No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer» (Mat. 14:16).
  • «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver» (Marcos 6:38).
  • «Traédmelos acá» (Mat. 14:18).
  • «Haced que los hombres se recuesten» (Juan 6:10).
  • «Haced que se sienten en grupos, como de cincuenta» (Lucas 9:14).
  • «Recoged los pedazos que sobran, para que no se pierda nada» (Juan 6:12).

Estudiemos estas palabras aplicándolas a las reuniones donde se presenta la Palabra de Dios.

1 - «¿De dónde compraremos pan para que estos coman?»

El Espíritu Santo indica en el siguiente versículo que el Señor quería poner a prueba a Felipe con esta pregunta: ¿confiaría enteramente en el Señor o se apoyaría en ayudantes humanos y terrenales?

¿No han surgido preguntas similares en nuestros corazones, por ejemplo, en las reuniones en las que los hermanos, habitualmente empleados por el Señor, están ausentes? ¿O cuando nos encontramos, durante un estudio de la Palabra, ante un párrafo sobre el que aparentemente no hay mucho que decir? ¿Nunca nos hemos preguntado de dónde saldría la comida para los congregados allí?

¡Hemos olvidado que el Señor Jesús está en medio de nosotros y que él se ocupa de todo! Así que, a través de esta pregunta del Señor, realicemos que no debemos confiar en los hermanos ni en los dones, sino esperar de él.

2 - «No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer»

Esta es la respuesta del Señor Jesús a la propuesta de los discípulos de despedir a la multitud, para que pudieran conseguir alimentos en los alrededores. En este pasaje, vemos sobre todo que el Señor nunca se siente abrumado por el número de personas o sus necesidades. Si él está presente, nadie tiene que irse.

En la segunda parte de su respuesta, el Señor Jesús deja claro a los discípulos que les pide algo imposible. No había suficiente comida para esta multitud. Los discípulos no podían hacer nada por sí mismos. Y, sin embargo, si el Señor no ve la necesidad de despedir a las multitudes, entonces debe haber una manera de proporcionarles alimento.

¿Sentimos también esta incapacidad de proporcionar el alimento necesario a los hermanos y hermanas reunidos, a los posibles visitantes desconocidos, según sus necesidades individuales? El Señor quiere ciertamente mostrarnos nuestra incapacidad a través de esta invitación. Pero también parece sugerir que tenemos la responsabilidad de llevar algo a las reuniones, que si el Señor lo desea podrá utilizar. Esto es aún más claro en la siguiente pregunta del Señor.

3 - «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver»

Aquí el Señor se informa directamente de lo que disponemos. A los discípulos no solo se les pide que lo piensen brevemente, sino que tienen que hacer una búsqueda exhaustiva para ver lo que hay. Así que no nos basta con reflexionar a la ligera sobre este punto.

Tenemos que preguntarnos seriamente por qué a veces tenemos tan poca cosa de utilidad para aportar.

Cuando Rut estaba espigando en el campo de Booz, este ordenó a sus jóvenes que dejaran caer espigas de sus gavillas para que Rut las recogiera (Rut 2:16).

Como dijo una vez un hermano, vayamos a las reuniones con esta disposición de espíritu: “Listos a servir, no para servir”. Deseemos tener algo que pueda ser empleado por el Señor, pero sin la firme intención de presentarlo a cualquier precio.

4 - «Traédmelos acá»

Esta petición del Señor Jesús es el punto central de sus siete declaraciones, y con razón. Así como él es el centro de la reunión, todo lo disponible debe serle llevado. El Señor no dice: “Traedme 100 panes o 1.000 panes o incluso 5.000 panes”, sino que dice: «Traédmelos». No espera que tengamos suficiente. Tampoco hay que esperar tener suficiente, sino simplemente confiar en él. Lo que tenemos solo puede ser útil para los demás si lo usamos en dependencia del Señor Jesús, bajo la guía del Espíritu Santo. Al mismo tiempo, debemos ser siempre conscientes de que el Señor no podrá utilizar nada de nosotros si no es lo que hemos recibido primero de él, algo que se ha convertido en una posesión personal a través de la obra del Señor en nuestros corazones y conciencias.

Animémonos a adquirir la preciosa verdad (Prov. 23:23) para poder ponerla a su disposición, para el bien de su pueblo y para nuestro beneficio.

5 - «Haced que los hombres se recuesten»

Recostarse (o sentarse según otras versiones) es algo más que detenerse un momento. Es una actitud que expresa el descanso. Es solamente cuando hemos descansado interiormente que podemos alimentarnos espiritualmente. Como lo expresó Moisés: «Y ellos se sentaron a tus pies; cada uno recibió tus palabras» (Deut. 33:3 V.M.). Ciertamente, hemos visto por nosotros mismos que hemos perdido muchas bendiciones por no haber venido a las reuniones con tranquilidad. Por eso es tan importante encomendarse al Señor en casa antes de las reuniones. Pidámosle que nos haga interiormente tranquilos y receptivos para poder disfrutar de su presencia y bendición.

6 - «Haced que se sienten en grupos, como de cincuenta»

A primera vista, parecería ser la misma indicación que la anterior. Sin embargo, hay una diferencia. Mientras que la quinta declaración se centra en la paz interior de los reunidos, aquí se hace hincapié en un cierto orden exterior. Aplicando esto a las reuniones, ciertamente entendemos que donde está el Señor Jesús, hay un orden y una paz exterior adecuados. Esto crea las condiciones apropiadas para que encontremos la paz interior.

Este mandato del Señor también está relacionado con la tarea encomendada a los discípulos de repartir los panes y los peces a la multitud después de dar las gracias. ¿No podrían haber olvidado fácilmente a alguien si el Señor no se hubiera asegurado de que la gente se sentara en grupos de un tamaño relativamente limitado?

Es posible que aún hoy, cuando el número de personas reunidas en un lugar es muy grande, a veces descuidamos a uno u otro. ¿Tomamos cuidado también de los que están un poco alejados? A nivel local, ¿no sentimos la dificultad de velar por el rebaño de Dios (1 Pe. 5:2), especialmente cuanto más grande es?

¡Qué sabio es nuestro Señor al no haber olvidado este aspecto, para que cada uno de nosotros pueda disfrutar de una bendición plena! Vale la pena destacar un detalle en particular: los cuatro Evangelios informan que todos comieron y quedaron satisfechos. ¿No es extraordinario?

7 - «Recoged los pedazos que sobran, para que no se pierda nada»

¡Qué Señor tenemos! Da tan abundantemente que hay que recoger lo que sobró. No se limita a dar lo estrictamente necesario, sino en abundancia. Esto significa que no debemos conformarnos con estar satisfechos personalmente, sino en compartir «las sobras», para transmitir una bendición a los que no pudieron asistir a las reuniones. Lo que el Señor nos da es tan precioso que no debemos dejar nada que se desperdicie.

Que el Señor nos conceda confiar plenamente en él, tomar seriamente nuestra responsabilidad y llevarla a cabo, bajo su guía y ayuda. ¡Podemos estar seguros que resultará una rica bendición!

Traducido de «Le Messager Évangélique», año 2022, página 10


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