Inédito Nuevo

Asenat: la esposa egipcia


person Autor: Michael HARDT 14


Traducido de «Le Messager Évangélique», año 2025, página 14

Prólogo

El relato bíblico sobre la vida de Asenat es extremadamente breve: era hija de Potifar, sacerdote de On, y más tarde se convirtió en la esposa de José y en madre de sus 2 hijos (Manasés y Efraín). Su nombre solo aparece 3 veces en la Biblia (Gén. 41:45, 50; 46:20). Sin embargo, Asenat ocupa un lugar importante. Lo que se nos dice de ella ilustra de manera llamativa ciertos aspectos significativos de la relación de Cristo con la Iglesia.

1 - Tras la elevación de José

El momento en que aparece Asenat es muy interesante por varias razones. Antes de que se mencione su nombre, leemos que José salió de la cárcel para interpretar el sueño de Faraón. Impresionado por la interpretación de José, el rey de Egipto dijo: «¿Acaso hallaremos a otro hombre como este, en quien esté el espíritu de Dios?» (Gén. 41:38). Y decide otorgar a José el puesto más elevado a su lado (v. 39-40).

Fijémonos también en las palabras que dirige a José: «He aquí yo te he puesto sobre toda la tierra de Egipto» (v. 41). ¿No encuentran estas palabras un maravilloso eco en las del apóstol Pablo, quien afirma que Dios, en un acto de gran poder, resucitó a Cristo de entre los muertos y lo sentó a su diestra en los lugares celestiales? Se trata de una elevación «por encima de todo principado, y autoridad, y poder, y señorío, y de todo nombre que es nombrado, no solo en este siglo, sino también en el venidero; y ha sometido todas las cosas bajo sus pies, y lo ha dado por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia» (Efe. 1:21-22).

Reflexionemos un momento sobre cómo se desplazaba José en el segundo carro de Faraón y cómo se gritaba ante él: «¡Abrec!» (arrodillaos) (Gén. 41:43). ¿No es esto lo que corresponde a todos los que viven en el período posterior a los sufrimientos de Cristo? Es precisamente en este período cuando se le entregó la Iglesia. Muchos aún se niegan a reconocerlo. Pero al final todos tendrán que doblar las rodillas ante él (Fil. 2:9-10).

Así, el momento en que Asenat fue entregada como esposa a José es elocuente:

  • Fue después del tiempo de sus sufrimientos.
  • Fue después de su exaltación.

Del mismo modo, la Iglesia se formó después de que Cristo sufriera y después de que fuera glorificado.

2 - Antes del regreso de sus hermanos

El momento en que Asenat se convirtió en la esposa de José tiene un tercer aspecto importante: ocurrió cuando los hermanos de José aún no tenían conocimiento de su exaltación. Para ellos, no era más que un esclavo vendido a los ismaelitas. Como hijos de Jacob, representan al pueblo de Israel. El momento elegido por Dios ilustra a la perfección el hecho de que el Señor recibió a su esposa mientras aún era rechazado por su pueblo terrenal: es precisamente el período en el que un «endurecimiento parcial ha acontecido a Israel» (Rom. 11:25).

Al leer el antiguo pacto, el «velo» permanece sobre sus ojos (2 Cor. 3:14). La Iglesia, en cambio, ya está unida a Cristo (Efe. 1:22-23). Está compuesta por todos los redimidos, y estos ya conocen su gloria. Sí, incluso pueden contemplarla con el rostro descubierto (2 Cor. 3:18). Para Israel, el momento en que se levantará el «velo» aún está por llegar: «cuando se convierte al Señor» (2 Cor. 3:16). Esto se corresponde con el emotivo momento en que José se da a conocer a sus hermanos diciéndoles: «Yo soy José vuestro hermano» (Gén. 45:4-15).

3 - Sufrimientos para José, no para Asenat

El camino de José hacia Egipto, donde recibió a su esposa, fue para él un camino de sufrimientos. Pero para Asenat, su unión con José no es más que gozo y gloria. Del mismo modo, la Iglesia no tiene parte en los sufrimientos que condujeron a su unión con Cristo. Es cierto que ella participa de su rechazo, pero los sufrimientos de la cruz, mediante los cuales él la ganó para sí, fueron parte exclusiva de él. Sí mismo se entregó por ella (Efe. 5:25) y lo vendió todo para poseerla (Mat. 13:46).

4 - Un nuevo nombre

El cambio de nombre de José indica que se ha convertido en único e incomparable en esta etapa de su vida: «Llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-panea» (Gén. 41:45).

Este nombre puede interpretarse de 2 maneras diferentes. Y cada una de ellas es sumamente pertinente, tanto para José como –con un alcance mucho más amplio– para Cristo.

La primera interpretación es: “Revelador de secretos”. Quizá Faraón pensara en el hecho de que José había sido capaz de interpretar sus sueños. Pero Cristo reveló misterios mucho más profundos. Sacó a la luz cosas que nadie conocía antes de su venida. Dio a conocer a Dios (Juan 1:18), reveló el nombre del Padre (Juan 17:6), nos habló en nombre del Padre (Juan 17:8) y mostró su amor (Juan 17:23). La era cristiana es la época en la que se desveló el misterio de Cristo (su unión con la Iglesia) (Efe. 3:4-5; 5:32; Rom. 16:25; Col. 1:26-27). También se nos ha comunicado el misterio de su voluntad: El propósito de Dios es reunir un día todas las cosas bajo un único jefe, Cristo (Efe. 1:9-10).

La otra interpretación del nombre Zafnat-panea es: “Salvador del mundo”. Con su sabiduría y su plan, José salvó a Egipto de la hambruna, así como a gran parte del mundo conocido de la época.

Este es también el título del Señor Jesús, tal y como se presenta hoy al mundo a través del Evangelio. Ya no es solo aquel que vino a salvar a «su pueblo» de sus pecados (Mat. 1:21), sino que es el Salvador del mundo entero (1 Juan 4:14; Juan 4:42). Es interesante señalar que es precisamente en Juan 4, donde el Señor se revela a los no judíos (los samaritanos), donde se designa a Cristo como el Salvador del mundo (v. 39-42). Y es uno de los pocos capítulos del Nuevo Testamento en los que se menciona a José (v. 5).

Durante el período de la Iglesia (es decir, desde Pentecostés hasta el arrebato de la Iglesia), el Señor no solo es conocido como «Jehová» o «el Todopoderoso», sino como «Salvador del mundo» y «Revelador de los secretos».

5 - Asenat: una pagana

«Y Faraón… le dio… por mujer a Asenat, hija de Potifera sacerdote de On» (Gén. 41:45).

Asenat era una pagana, pero no solo eso: se la presenta como «hija de Potifera sacerdote de On». La terminación del nombre Poti-Fera («Ra») designaba al dios del sol, y On se identifica aún hoy con Heliópolis (“ciudad del sol”), un barrio al noroeste de El Cairo (¡donde todavía se encuentra un obelisco que data aproximadamente de la época de José!).

Asenat procedía, por tanto, del centro del culto a los dioses paganos.

El origen de Asenat contrasta directamente con el de Rebeca. Cuando se trató de encontrar una esposa para Isaac, Abraham insistió firmemente en que debía ser de su propia familia. Debía estar dispuesta a abandonar Caldea para ir a Canaán. Mientras que Rebeca ilustra el hecho de que la Iglesia fue «llamada» (del griego Ekklesia, que significa “sacada de”) de su entorno, Asenat evoca otro aspecto de la verdad. Asenat, al no ser judía, no participa de las promesas hechas a Israel. Es una imagen de la Iglesia como esposa, que procede (en gran parte) de los pueblos paganos.

6 - Asenat: un don

Asenat fue “entregada” como mujer a José por Faraón. La Biblia habla a menudo de un hombre que toma una mujer (vean, por ejemplo, Éx. 6:20, 23, 25; Rut 4:13), pero no es el caso de Asenat, que fue entregada a José.

Este detalle también puede aplicarse a la Iglesia. Es cierto que el Señor soportó y sufrió mucho para adquirir a su esposa. Pero también es cierto que la Iglesia está compuesta por aquellos a quienes el Padre le ha dado. Así, el Señor dijo en su oración: «Padre, deseo que donde yo estoy, también, estén conmigo aquellos que me has dado» (Juan 17:24). Es hermoso considerar que la Iglesia está compuesta por personas que han sido «dadas del mundo» al Señor por Dios, el Padre (Juan 17:6).

7 - El tiempo de la abundancia

Ya hemos visto que Asenat fue entregada a José tras el tiempo de sus sufrimientos y a raíz de su elevación, y esto cuando él aún era un extraño para sus hermanos. Génesis 41:47 contiene un cuarto detalle muy interesante en relación con este momento: «En aquellos siete años de abundancia la tierra produjo a montones». El tiempo de la Asamblea corresponde a los «años de abundancia», durante los cuales los creyentes están bendecidos como nadie lo había sido antes (Efe. 1:3).

Por citar solo 3 puntos: fuera del periodo de la gracia, ningún creyente tiene derecho a afirmar que fue elegido antes de la fundación del mundo, ni que está colmado de favores en el Amado, ni que mantiene una relación viva con Cristo en el cielo.

Nadie habría pensado que tal cosa fuera posible. Estas cosas no han llegado al corazón de ningún hombre (1 Cor. 2:9). Se plantea la cuestión de cómo valoramos estas riquezas. ¿Vivimos como mendigos o disfrutamos de estos «años de abundancia»?

8 - Los 2 hijos de Asenat

En este período de abundancia, Asenat tuvo 2 hijos. Se dice explícitamente que esto ocurrió antes de que llegara «el primer año del hambre» (Gén. 41:50). Aquí tenemos otro aspecto interesante, el quinto, en cuanto al momento: la Iglesia da fruto para Cristo antes del tiempo de la tribulación (Mat. 24:21; Apoc. 3:10).

Los nombres de los 2 hijos (Gén. 41:51-52) nos hablan de lo que la Iglesia representa para el Señor Jesús:

  • Manasés significa “olvido”: José podía ahora dejar atrás los sufrimientos de los años pasados, en particular la hostilidad de sus hermanos, y, en cierto modo, olvidarlos. Manasés fue un elemento que le ayudó en ello. Este contexto ilustra el hecho de que el Señor fue rechazado por sus «hermanos», el pueblo de Israel (comp. con Juan 1:11). Desde entonces, su relación con Israel está “en suspenso” y solo se restablecerá tras el arrebato de la Iglesia, cuando «entre la plenitud de los gentiles» (Rom. 11:25). Esto debió de ser muy doloroso para él. Pero en el tiempo en que su pueblo terrenal aún lo rechaza, se establece su relación con «Asenat», fruto de sus sufrimientos.
  • Efraín significa “doble fertilidad”, una referencia al hecho de que, según la Ley, el primogénito heredaba una doble parte (comp. con Deut. 21:16-17). En efecto, el derecho de primogenitura de Rubén pasó a los 2 hijos de José (1 Crón. 5:1). Es interesante señalar aquí que, en Hebreos 12, a la Iglesia se la llama «asamblea de los primogénitos» (v. 23), lo que evoca la doble parte. El nombre de Efraín puede asociarse, pues, a la prosperidad, a la “doble fertilidad” de la Iglesia.

9 - El país

El último punto es una deducción “negativa” –en el sentido de que aquí se extrae una lección de lo que no se dice.

Empujados por los años de hambruna, los hermanos de José llegan a Egipto y finalmente se ven obligados a confesar su pecado. Acaban estableciéndose en Egipto con su padre y reciben la mejor parte del país. Se dice que José «hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y les dio posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra» (Gén. 47:11). Aquí no se menciona a Asenat. ¿Por qué? Mientras que los hermanos de José (y su padre) son una imagen de Israel, que recibe ricas bendiciones terrenales bajo el reinado del verdadero José, Asenat, como imagen de la Iglesia, no recibe tal parte. Ella tiene una mejor: su unión con José, el jefe de todas las cosas.

Así será durante el reino milenario. Israel disfrutará de las bendiciones prometidas en la tierra, en el país que se le había prometido a Abraham. La parte de la Iglesia será entonces muy diferente. Será la ciudad santa descrita en Apocalipsis 21, que desciende del cielo (v. 10) y que, evidentemente, no pertenece a la tierra. No será iluminada por el sol, sino por la gloria de Dios (v. 23). Constituye el centro celestial del reino y «las naciones andarán a la luz de ella» (v. 24). No será el pueblo terrenal bajo el dominio del rey, sino la esposa celestial, la «Esposa del Cordero», junto al verdadero José, quien la hará partícipe de su elevación.

No deberíamos cambiar nuestra elevada vocación y nuestro gran privilegio por otra cosa menos elevada (por ejemplo, intentando mejorar la sociedad o embellecer el mundo). En cambio, podemos vivir con y para el verdadero José y disfrutar de nuestro estrecho vínculo con él. ¡Pertenecemos al verdadero Revelador de los secretos, al Salvador del mundo!

En él se ofrece la salvación al mundo entero, pero solo aquellos que crean en él serán salvos (Juan 3:36; Rom 3:22).